Una, de personalidad casi sedada que vemos todas las mañanas en sus conferencias.
Y otra explosiva que aparece cuando se apagan las cámaras y los reflectores.
La primera apuesta por lucir contenida, calmada, imperturbable.
No levanta la voz, no se exalta ni pierde la paciencia.
Es la presidenta que se presenta ante el gran público.
La segunda es la presidenta que conocen muy pocos.
La que a puerta cerrada grita, reclama, se enfurece, se muestra autoritaria, da manotazos, pierde los estribos y desconfía de todos.

Desde hace varios meses, gente que interactúa con la presidenta describe a una doctora Sheinbaum cada vez más irascible, diametralmente opuesta a la que vemos en las mañaneras, los actos públicos y las giras.
La verdad no les creía tanto… hasta que el jueves de la semana pasada todo comenzó a confirmarse:
La gobernadora de Chihuahua, la panista Maru Campos, me relató en Latinus su reunión con la presidenta Sheinbaum en una salita del aeropuerto de Ciudad Juárez, en la que durante unos diez minutos estuvieron gritándose.
Al día siguiente, el viernes en la mañanera, la presidenta confirmó los gritos en la reunión con la gobernadora y con un gesto de absoluta normalidad, confesó que ella siempre les grita a sus colaboradores: “Siempre regaño a todo mundo”.
¡Vaya contraste con la mandataria imperturbable de las mañaneras!
Su alteza serenísima de 7 a 9 am.
No tan serenísima después.
Esto no debería resultarnos sorprendente en una presidenta que ha demostrado un talante autoritario.
Ella detesta que se le diga, pero sus acciones antidemocráticas hablan (o gritan) por sí solas.
El 20 de mayo de este año publiqué en estas Historias de Reportero que Andy López Beltrán, Jesús Ramírez y Clara Brugada contaban en sus reuniones privadas que “se ha normalizado en la presidenta Sheinbaum un estilo de mando basado en maltrato, gritos, groserías, reacciones viscerales y descalificaciones en público”.
Se ve que conforme ha ido avanzando el sexenio es cada vez más intolerante y complicada de tratar.
SACIAMORBOS:
El título de mi columna de ayer fue: “Taddei es Morena”.
La presidenta dijo en su mañanera: “Que no nos vengan ahora a decir que, como ayer Loret de Mola, el problema es Morena… si la eligió la Cámara de Diputados a Taddei”.
Menudo descaro de la presidenta.
A Guadalupe Taddei la impulsó López Obrador, por recomendación de Alfonso Durazo, y tuvo el aval de la hoy presidenta Sheinbaum.
Tiene a una decena de familiares trabajando en gobiernos de Morena.
Su hijo es secretario particular del presidente del Consejo Nacional de Morena, avaló la sobrerrepresentación a favor de Morena, en el INE votó como Morena quiso y Morena le aprobó superpoderes para que hiciera lo que quisiera dentro del INE sin tener que consultar a los otros consejeros, como se hacía antes.
En síntesis: Guadalupe Taddei es Morena.
Su corrupción y sus vicios son un muestrario de la 4T.
Que lo asuma la presidenta.»

