Este marco regulatorio funciona como motor de la resolución interna del interlocutor: la promesa de actuar con “prudencia, caridad, pero con verdad” se convertirá en la guía para mantener la voz pública sin perder la integridad doctrinal, y alimenta la sensación de que la defensa de la fé se liga a una postura social y política de presencia constante.

Las siguientes palabras fueron de un sacerdote que habló sobre el tema, cuando oficiaba una misa:
«Ya sabemos que ahora en México hay por ahí una especie de amenaza a los sacerdotes en su predicación.
Una nota que salió ahí de parte del gobierno; Los sacerdotes deberán sujetarse a los lineamientos que evita la Agencia de Telecomunicaciones en coordinación con la Secretaría de Gobernación, garantizando la neutralidad de sus palabras y la prevención de discursos de odio.
¿Bueno, entonces que me callo?
Con prudencia, con caridad, pero con verdad, con prudencia, con caridad, pero con verdad y aquí estamos para dar la vida por Cristo.
Y si hace falta, para derramar la sangre que la Virgen María, la Reina de los mártires, nos prepare para la persecución, si es que llega una más fuerte o más sangrienta.
Aquí estamos, Señor, Aquí estamos para dar la vida por ti yno nos vamos a callar y vamos a defender nuestra fe y vamos a elevar nuestra voz».
En medio del temor, la figura convoca a sostener la fe con voz alta: “con prudencia, con caridad, pero con verdad” y se afirma que “aquí estamos para dar la vida por Cristo” si fuere necesario, incluso invocando la virulencia de la persecución futura y la figura de la Virgen María como Reina de los mártires.
El resultado es una promesa de perseverancia y defensa de la fe, una voluntad inquebrantable de no callar y de elevar la voz ante cualquier presión. Defender la fe y elevar la voz sin ceder a la censura, incluso ante posibles persecuciones; mantener la práctica con prudencia, caridad y verdad aún en contra del Gobierno (Agencia de Telecomunicaciones; Secretaría de Gobernación)

